10 Cosas que no sabías sobre el sexo

¿Cuántas veces has leído esta frase? En revistas, artículos o anuncios en internet.
“Las 5 claves para tener un buen sexo con tu pareja”
“Los 10 mandamientos del buen sexo”
“25 imprescindibles que debes saber sobre el sexo”
Artículos llenos de listas interminables llenas de acciones, propuestas y recomendaciones que tienes que hacer con tu pareja. Listas de curiosidades sobre estudios en universidades que nadie conoce en relación a la cantidad de veces que es recomendable eyacular, el porcentaje de las veces en las que una mujer tiene un orgasmo o en cuantos casos se ha dado la situación de que el semen produzca reacciones alérgicas.
Si te habías acercado a estas líneas para encontrarte algo de esto, ya te adelanto que no lo vas a encontrar. Esto no va de datos aleatorios o de consejos sobre cosas que puedes hacer con tu pareja, que poco tienen que ver con el sexo.
A continuación, te damos la oportunidad que muy pocos han tenido, la oportunidad de abrir la verdadera caja de pandora y responder a la gran pregunta: ¿Qué es el sexo?
El sexo, ese gran desconocido
Y es que en lo que llevamos de historia, pocos son los que se atreven a dar una respuesta clara y concisa de lo que es realmente el sexo. Muchos se aferran a las partes pudorosas de los cuerpos, otros a las acciones libidinosas, a otros los escuchamos hablar de atracciones o de gustos eróticos. Desde bien pequeños, nos han dejado claro que el sexo es algo que queda en la sombra, en la oscuridad de la intimidad, o mejor dicho del tabú. Y es que muchas de nosotras no hemos sido capaces de pasar del mero “follar” como sinónimo y definición de sexo.
Pero amigos y amigas, esto va mucho más allá… Y es que en el sexo no se trata de tener o de hacer, sino que se trata de SER.
¡PANG!
Se acaba de escuchar cómo ha explotado tu cerebro. ¿O acaso ya lo habías oído antes?
Si lo habías oído, eres de las pocas personas que ha conseguido abrir esa caja de pandora tan cuidadosamente y herméticamente cerrada que llevamos cada una de nosotras encima de los hombros. ¡Enhorabuena!
Si no lo habías oído aun, no te preocupes, aquí te damos unas cuantas claves básicas para que entiendas de qué va el tema. Y es que, aunque parezca curioso, el tema va de pollas. UPS, de pollas no, de pollos. Sí, de pollos.
Vamos a poner el foco en una de esas maravillosas granjas en la que crían pollitos para convertirlos en pollos o en gallinas ponedoras de huevos. Cuando los pollitos son pequeños, para poder saber si al final de su proceso de cebado van a convertirse en ricos pollos asados o en cambio serán gallinas que den maravillosos huevos, encontramos a un o una profesional que tiene como función sexar a los pollitos. Es decir, que su qué hacer se basa en levantar culos de pollitos para clasificar, en base a los genitales, si serán pollos o gallinas. A ese proceso se le llama SEXAR, de ahí el nombre de estos profesionales: sexadores de pollos.
Este proceso, que aparentemente no tiene nada que ver con el sexo, es uno de los responsables de que hoy en día estemos en el lio en el que estamos con esto del sexo. Y es que, hemos entendido, que, si a pollos los sexan así, a nosotros, la especie humana, nos sexuan de la misma manera.
¡ERROR!
Y es que, si no os habéis dado cuenta, os dejo que volváis a la línea anterior.
¿Ya lo habéis visto? Eso es, hay dos palabras, dos verbos, que, aunque parecidos, no son iguales. Y es que una cosa es SEXAR y otra, muy diferente SEXUAR.
La sexuación, es el proceso que cada una de las personas hace (recorre), en el que se va construyendo como persona, en todos y cada uno de los aspectos de su vida (la identidad, la orientación, los gustos, los modos, los matices, las peculiaridades…). Es un proceso, que como bien apuntamos, construye cada uno y una, no es impuesto. Aunque sí que convive, en ese proceso de creación, con las imposiciones de la cultura y la moral cultural y sexual que le rodea.
En contraposición, está la sexación, como la de los pollos. Ése, sí es un proceso impuesto, una imposición en base, únicamente, a un factor nada más nacer, los genitales. Una identificación, impuesta por un profesional de la medicina neonatal, que, como el sexador de pollos, levanta el culo del recién nacido para estipular, en base al genital que se haya encontrado, si es macho o hembra, en nuestro caso, niño o niña. Pero es precisamente aquí donde se genera el lío. Y es que los seres humanos somos tan simples que nos hemos limitado a asumir que la identidad de una persona depende sola y únicamente de un genital. Todo el sentido del SER de una persona, en manos de un sexador de recién nacidos y un genital. ¡Pero qué locura!
Dicho así parece una locura, pero es que realmente lo es.
Y es que, llegados a este punto, en pleno 2021 y habiendo pasado una pandemia, un asalto al capitolio y un sinfín de anécdotas que eran impensables y son verdaderamente irreales, es impresionante cómo somos seres incapaces de querer entender que el sexo no va de hacer o de tener, sino de SER.
Si te has quedado con ganas de saber más y de seguir indagando en esto del sexo, síguenos…

Irati Martin Cea, Sexóloga y Educadora Social

IG Perfil @martin_irati

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